Memoria del curso escolar del año 1908

 

Documentos singulares · Septiembre 2012

Memoria del curso escolar del año 1908

La memoria presentada por Miguel Pérez Martín, maestro de la Escuela de Niños, es el único documento de esta tipología conservado en el Archivo Municipal de Valdemoro y permite aproximarse a los métodos pedagógicos de la escuela pública española de comienzos del siglo XX.

1908 Curso escolar documentado
Miguel Pérez Martín Maestro de la Escuela de Niños
6 páginas Formato cuartilla

La redacción de la memoria era un requisito que los docentes debían cumplir al finalizar los exámenes, según disponía el Real Decreto aprobado el 9 de febrero de 1908. Su lectura permite conocer, aunque sea de manera aproximada, los métodos pedagógicos vigentes en las escuelas públicas españolas de principios del siglo XX.

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Marco histórico

Con el inicio del siglo XX llegaban nuevas disposiciones normativas que afecta-ban de modo determinante a la enseñanza pública. Por medio de un Real Decreto firma-do el 21 de julio de 1900 se aprobaba una de las piezas fundamentales para la reforma de la instrucción pública: a partir de entonces el Estado se haría cargo del pago a los maestros y no los ayuntamientos como había sido hasta ese momento. La orden tenía una doble lectura porque, si bien es cierto que desde la Administración Central se abo-naría el salario de los profesionales de la enseñanza pública primaria, lo haría previo ingreso de los fondos procedentes de los Ayuntamientos. 

En Valdemoro la centuria comenzaba con ciertas dificultades para la provisión de inmuebles destinados a escuelas. La itinerancia escolar había sido la tónica habitual a lo largo del tiempo y los colegios no disponían de un espacio prefijado, sufriendo difi-cultades de instalación por la escasez de espacios adecuados para impartir la enseñanza obligatoria. En numerosas ocasiones, el concejo se había servido de los locales pertene-cientes a la fundación Conde de Lerena, para que maestros y maestras pudieran ejercer su labor docente. Hay que considera que la población valdemoreña había experimentado un considerable aumento desde principios del siglo XIX, pasando de 1.826 habitantes, en 1828, a 2.833 en 1900. Además, desde la promulgación de la Ley de Instrucción Pública –conocida como Ley Moyano– el 9 de septiembre de 1857 se establecía que: "La primera enseñanza elemental es obligatoria para todos los españoles. Los padres o tutores enviarán a las escuelas públicas a sus hijos y pupilos desde la edad de seis a nueve, a no ser que les proporcionen suficientemente esta clase de instrucción en sus casas o en establecimiento particular" (art. 7º); por lo tanto, cada vez era más preciso contar con un espacio fijo donde proceder a la educación de niños, jóvenes y adultos. Ante esta situación el Ayuntamiento nada más empezar el siglo hubo de sacar a subasta el arrendamiento de tres locales, destinados a niños, niñas y párvulos. El primero deber-ía alojar a 80 niños y las dependencias del profesor, el segundo para 50 niñas y las de-pendencias de la maestra y el tercero sería capaz de alojar a 120 párvulos repartidos en dos aulas. Los documentos municipales nos hablan del precio al que ascendería el arrendamiento: 1.500 pesetas anuales; del plazo: 10 años prorrogables y de otras mu-chas condiciones que debería cumplir aquel que aceptara el pliego de condiciones. Al final, sería Francisco López Ferreira, vecino de Barcelona, quien ganara el concurso, alquilando al concejo unas casas de su propiedad en la calle del Colegio número 4, a primeros del año 1904.

Pero el consistorio no debió apurar el tiempo establecido en el contrato suscrito o, quizá, prefiriera poseer un edificio en propiedad para ubicar definitivamente las es-cuelas. Así, solo cinco años más tarde, se planteaba la posibilidad de adquirir la casa-pósito, situada en la plaza de la Constitución, bajo la torre del reloj, con el fin de "insta-lar en su día, a ser posible, las escuelas públicas de niños, de cuyos locales propios se carece, el pago del inmueble, ha sido tasado por peritos en 5.500 pesetas, y habrá de hacerse en varios plazos", según consta en los libros de acuerdos de 1909. Estaba claro que la enseñanza era algo imprescindible para muchos vecinos, no sólo respecto a niños y jóvenes, sino también adultos. Los más mayores fueron engrosando las listas de alum-nos, según manifestaron los miembros de la Junta Local de Primera Enseñanza, cuando, en atención al excesivo número de asistentes a la escuela nocturna, solicitaban a la cor-poración un aumento de presupuesto para material y útiles de enseñanza (1909). 

Las negociaciones de la compra del pósito fueron largas y duras, pues a finales de 1910, ante la falta de caudales, el ayuntamiento se vio obligado a negociar con el Ministerio de Instrucción Pública la subvención para comprar la casa y las colindantes, ante la imperiosa necesidad de instalar allí las escuelas. Poco más tarde, en 1916, una vez finalizado el contrato de arrendamiento de los locales de la calle del Colegio nº 4, las instalaciones educativas volvían a cambiar de ubicación, trasladándose a la calle Estrella de Elola, nº 25 esquina a la cuesta de Piedra (actual Doctor Fleming).

Análisis documental

El documento seleccionado corresponde a la memoria ,presentada por el maestro de la Escuela de Niños, Miguel Pérez Martín, en diciembre de 1908. Consta de 6 páginas en tamaño cuartilla y en él están descritos sucintamente los logros alcanzados por el alumnado y los escollos encontrados en el desempeño de la tarea educativa. Miguel Pérez, oriundo de Carbajales, provincia de Zamora, había sido nombrado titular de la Escuela de Niños de Valdemoro en junio de 1902. En el momento de redactar el infor-me las aulas estaban instaladas en la calle del Colegio nº 4, dónde también existía una vivienda donde residían el docente y su familia. 
Las memorias anuales leídas por los maestros en los exámenes finales, y en las que se daba cuenta de los trabajos escolares realizados durante el año, de los resultados obtenidos y de los obstáculos que hubieran podido dificultar su labor estaban regulados en el art. 22 del Real Decreto aprobado el 9 de febrero de 1908. Dicha norma se dictaba para reorganizar las Juntas Locales de Instrucción Pública. En el primer artículo se dis-ponía que en todos los Ayuntamientos habría una Junta Local de primera enseñanza encargada de la vigilancia y régimen administrativo de las escuelas primarias. Los exámenes tendrían lugar dos veces al año, cuando lo determinara la Junta Local con el acuerdo de los maestros y debían ser presididos por el alcalde. Tras finalizar los ejerci-cios los profesores escribirían la mencionada memoria y la presentarían ante la Junta. Estos documentos, son una fuente directa de gran importancia para conocer la realidad de la escuela pública española de comienzos de siglo. Pero también para vislumbrar el horizonte intelectual, las inquietudes e incluso la ideología de los educadores. 
A pesar de que esta obligación se mantuvo al menos hasta 1927 en el Archivo Municipal de Valdemoro tan sólo se ha conservado el presente ejemplar.

Bibliografía específica

GARCÍA RUPÉREZ, Mariano: «Los Ayuntamientos y la Educación: historia y tipología documental», en Actas de las V Jornadas de Archivos Municipales de Cantabria, Santander, 2006, pp. 91-160.

MARTÍN GARCÍA, Nuria y otros: «Escuelas públicas», en Edificios que son historia. Valdemoro, Ayuntamiento de Valdemoro, 2007, pp. 260-265.

Transcripción

Memoria del curso de 1908 · Escuela pública de niños de Valdemoro

El maestro, Miguel Pérez

Memoria leída por el maestro que suscribe, correspondiente al segundo semestre de 1908 del curso escolar explicado en Valdemoro (Madrid). Exámenes de diciembre.

Memoria del curso de 1908 – Escuela pública de niños de Valdemoro (Madrid)

El Maestro, Miguel Pérez

Memoria
Leída por el Maestro que suscribe, y correspondiente al 2º Semestre de 1908 del curso escolar explicado en Valdemoro (Madrid)

Exámenes de diciembre
   Atento constantemente a cuanto puede significar progreso pedagógico, muy ajeno a todo cuanto la rutina consagra, mirando de hito en hito el fin a que debe tender toda la labor de la primera enseñanza, de la educación primera, no me he detenido ante los infinitos obstáculos que se me han presentado en mi ruda tarea. Y que no me pesa, que no debe pesarme, lo dicen bien claros los adelantos, más lisonjeros que cabía esperar en el poco tiempo que he tenido para llevar a cabo esta renovación. He formado una generación escolar en esta Villa, y puedo gloriarme de que una muy larga mitad de los analfabetos ha pasado por mis aulas, ya en la edad adulta, ya durante su niñez. Y si los mayores me han hecho en parte esclavos de la prestablecida (sic.) y vetusta pedagogía, aun me será lícito gloriarme de haberles iniciado en unos procedimientos más expeditos para conseguir
Miguel Pérez
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la autoilustración, a ellos más ventajosa que la preceptiva.
   Nadie antes que yo se había ocupado en que fuese expuesto después de la Lectura el punto leído por el alumno; y antes leían muy de corrido varias páginas en pocos minutos, pero ni una sola de aquellas ideas escritas había pasado a la inteligencia del niño; hoy, en cambio, será más tardo en leer, pero pocos serán los conceptos no comprendidos por el leyente.
   Los ejercicios de escritura al dictado se consideraban como un ejercicio extraordinario y era manjar carísimo en la vieja escuela: se le daba una importancia tal, que por lo mismo no se practicaba. Ahora lo usamos tan a diario que los pequeñuelos mismos se extrañan el día en que, por causas especiales, se suprime el dictado.
   Yo he sido sorprendido en las clases nocturnas por alumnos que sabían leer cantidades numéricas de muchas, diez, quince y más cifras, y en cambio no conocían el valor relativo de las especies más inferiores siquiera. Y he visto multiplicar y dividir rápidamente a algunos pocos, los cuales sin embargo, no conocían la aplicación práctica de esas operaciones tan útiles a todos en la vida.
Miguel Pérez
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   El apartado de secciones en la Escuela fue durante largos años una gradación exclusivista, que hacía perder no poco del fruto debido al trabajo del Maestro: en estos tiempos la selección es más espontánea, los mismos niños se adjudican mutuamente los puestos, dándose el caso, raro al parecer pero naturalísimo, de pertenecer un mismo niño a diversas secciones, según sus diversas aptitudes para las varias asignaturas de que ha de tratar.
   Fue el encerado en otros tiempos un medio de enseñar la Aritmética, y sólo Aritmética: en mis clases se enseña todo, absolutamente todo en el encerado: allí se dibuja el objeto de que se trata; allí se escribe el programa de la lección del día; allí se forma el cuadro que resume la explicación; allí se expone el punto de análisis, se anota la idea más saliente, se compone y descompone la figura que se ha de estudiar. Es en fin, el encerado el medio general, no un medio peculiar de enseñanza del cálculo.
   A las lecciones llamadas de memoria hay que darles la importancia debida; pero a mi entender es una crueldad inexcusable someter a una criatura al mecánico aprendizaje de tantas y cuantas líneas y mayor crueldad aún imponiendo castigos, merecidos más bien por el que obliga a cosa tan fuera de razón.
Miguel Pérez
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¡Cuán pocas veces se habrán quejado mis niños de que el Maestro los ha castigado por no saberse la lección, si bien algunos hay que porque las aprenden con cuidado han recibido premios. Y es que una memoria, como un estómago, no están en mejores condiciones de funcionamiento cuando más llenos estén, sino cuando puedan digerir mejor.
   Gratísimo sería para mí que la opinión de todos me fuera favorable; que los padres, los alumnos, las autoridades, los vecinos todos unánimemente aplaudieran mi gestión en la Escuela; por conseguirlo haría cuantos esfuerzos alcanzara a soñar ¡es tan grata la alabanza! Pero aún sin ella, aún con la desfavorable opinión de pocos o de muchos, no entrará en mí el desaliento, y dispuesto estoy a luchar entre las arideces de la nobilísima misión que Dios me ha confiado, para volver a El los que de El vienen, como el Estado para que obtenga y forme ciudadanos dignos, y los padres que nos piden hagamos semejantes a nosotros en el espíritu los que son hechura e imagen suya en el cuerpo. En esta lucha que el deber me impone, no por perder más que consideraré vencido, sino creeré más gloriosa la victoria, cuanto más sacrificio me cueste, atento sólo a satisfacer las exigencias de mi conciencia ante Dios y los hombres.
Miguel Pérez
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Procede dar término a esta Memoria con un resumen de los trabajos verificados en esta Escuela, con arreglo al programa oficial y a las condiciones de la localidad. Se ha dado el primer lugar a la Doctrina, Religión, Aritmética, Lectura y Escritura en diarios ejercicios prácticos casi siempre. La Geografía, sobre todo la descriptiva, la Historia, principalmente la cronológica, y la Geometría, auxiliada del Dibujo, han ocupado el segundo lugar. Dedicando también variadas lecciones a la Agricultura teórica, al Derecho y a la Música; tratando en todo de obtener inteligencias capaces de conocer la verdad y corazones inclinados al bien, al amor de Dios y del prójimo y al heroísmo por la Religión y la Patria.

Obice de mayor cuantía son: la innata desidia de algunos padres, la heterogeneidad de alumnos en edad, en inteligencia y en condiciones sociales, y más que todo la discontinuidad de la asistencia, que malogra casi el total de los desvelos que el profesor dedica a tan ingrata como querida tarea.

Valdemoro, 18 de diciembre de 1908.
Miguel Pérez

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